¿Sobrevivimos gracias a los antibióticos o a pesar de ellos?
Este artículo surge a partir de una consulta realizada por una alumna de la Formación Profesional en Leyes Biológicas del Awaking Project en el foro privado awakingproject.com/foros. A continuación, se transcribe su pregunta y mi respuesta, convertidas en un formato articulado para mayor claridad y profundidad, respetando la integridad de las ideas originales.
Pregunta de la alumna:
Hola Gastón! Soy alumna de la formación y comprometida seguidora de la Nueva Medicina. Tengo una pregunta cuya respuesta conozco -en parte-, pero que no pude argumentar con solidez en una charla familiar hablando de la Nueva Medicina. Me refiero a los antibóticos. Entiendo que utilizarlos es “anti vida” y que su uso interrumpe el proceso bacteriano que está actuando durante la reparación para la reconstitución o destrucción de tejidos según el caso. Según tus palabras en una pregunta que te hicieron en el foro: “el trabajo se frena ahí y queda pendiente en perjuicio de tus órganos”. En otra oportunidad, te preguntaron en qué momento es conveniente usar antibóticos y respondiste que en ninguno.
Estos fueron mis argumentos durante la sobremesa de un domingo en familia que generaron una avalancha de preguntas que no supe responder, todas semejantes:
1- ¿Y cómo explicás los miles de millones de personas que han sido y son tratados con antibióticos y aún así permanecen absolutamente sanos? O sea, todo el planeta, incluida vos.
2- Tu abuelo no hubiese vivido 20 años más si no fuera por la penicilina. Cuando se estaba muriendo ¿te hubieras negado a que lo medicasen?
3- O sea que si fuera por vos, no tomarías nada de nada, salvo algunas plantas medicinales que encima acá no hay. ¿A qué médico irías? ¿A que te medique la chica de la dietética?
Respuesta:
Querida Vale,
Gracias por tu honestidad y por traer esta inquietud tan importante. Entiendo perfectamente lo que viviste, porque es un punto de fricción común cuando se comparte este nuevo paradigma en entornos todavía arraigados al viejo modelo de pensamiento médico. Te comparto una forma de responder estas preguntas, no para convencer a los demás, sino para fortalecer tu comprensión.
Respuestas (es lo que yo argumentaría):
1. ¿Están realmente sanos?
Esa es la gran pregunta.
El hecho de que una persona no tenga síntomas visibles no significa que esté sana. La ausencia de síntomas no es sinónimo de buena salud; de hecho, sólo los cuerpos muertos carecen completamente de síntomas. La inflamación, la fiebre o el dolor no son signos de una “enfermedad narcisista” como a veces se piensa, sino expresiones naturales de un proceso de reparación orgánica en curso, tal como lo explican y verifican las Leyes Biológicas.
La Nueva Medicina Germánica nos permite entender que estos síntomas no son enemigos a eliminar, sino fases necesarias dentro de un programa biológico de restauración. Del mismo modo que cuando uno se corta, la herida se inflama antes de cicatrizar, también en los procesos internos es imprescindible la inflamación como parte de la curación. Y para que esto ocurra correctamente, el cuerpo requiere la acción de bacterias específicas. Si éstas son eliminadas mediante antibióticos, el proceso se interrumpe y queda inconcluso, dejando una reparación pendiente que podría generar consecuencias más graves en el futuro.
Es verdad que, a nivel sintomatológico, el uso de antibióticos puede brindar un alivio casi inmediato. Pero cabe preguntarse: ¿es eso realmente una solución? Si la persona identificara su DHS, lo resolviera en profundidad y atravesara la fase de reparación en paz, sin recaídas, no solo completaría su proceso biológico sin mayores problemas, sino que además experimentaría un crecimiento personal. Porque al finalizar un programa biológico no sólo se fortalece el cuerpo, sino también la psique, dando lugar a una mayor madurez y conciencia.
2. Tu abuelo no hubiese vivido 20 años más si no fuera por la penicilina. ¿Te hubieras negado a que lo medicasen?
Yo empezaría argumentando con una pregunta ¿Quien puede asegurarnos de que vivir mas es en beneficio de la persona, si esta postrado en una silla mirando televisión?, ¿para eso alargamos la vida?, o ¿podríamos decir que solo estiramos su sufrimiento?. No estoy tan seguro de si antes se vivía más o menos que ahora, pero lo que sí es evidente es que las condiciones eran muy distintas. Los avances tecnológicos han reducido drásticamente la cantidad de DHS que vivimos. Por ejemplo, si trabajás un año en el campo y comparás tu experiencia con la de una amiga que se queda en la ciudad, vas a notar que envejecés mucho más en menos tiempo. Esto se debe a la exposición constante al frío, al calor, a las adversidades naturales, a los animales e insectos y los conflictos que estos pueden provocar, a la escasez o exceso de agua, y al esfuerzo físico que exige la vida en un entorno natural, es decir a la gran fatiga que implica.
Sin dudas, los avances modernos han mejorado enormemente nuestra calidad de vida: hoy dormimos abrigados, tenemos agua potable, alimentos disponibles, seguridad y menos exposición a los factores que biológicamente nos desgastan. Esto significa que fatigamos menos el cuerpo y, por ende, podemos vivir más años. No es la penicilina la que salva vidas, sino el entorno más amable que la tecnología ha creado.
Ahora bien, reconozco que en casos extremos, donde la fase de reparación (PCL) es tan intensa que una persona sin conocimiento de la NMG no podría sostenerla, el uso de penicilina podría ser útil para ayudarla a sobrevivir. Pero los antibióticos deberían evitarse a toda costa hasta el máximo punto posible. También es cierto que, al volvernos más débiles física y emocionalmente, muchas personas hoy no están en condiciones de soportar PCL’s intensas y terminan muriendo por fatiga biológica (por efecto de no estar expuestos a tantos conflictos naturales como antes de los avances tecnologicos, que nos permiten vivir mejor pero también nos hacen mas débiles). No porque el cuerpo no pudiera hacerlo, sino porque ya la mente y el entorno no están preparados para sostener ese proceso.
En mi caso, he atravesado procesos de reparación extremadamente intensos, hasta casi desmayarme del dolor, y nunca tuve miedo. El proceso siguió su curso y eventualmente terminó. Pero también reconozco que en esos momentos pensaba: “No sé si hoy en día todos podrían soportar esto”. En esos casos, quizás un antibiótico podría salvar a una persona con un cuerpo o una mente más frágil, y con mucho miedo, pero a un costo elevado, ya que el proceso orgánico no se terminará y dependiendo el órgano afectado podrían quedar grandes secuelas.
Conocer la NMG te empodera, te da fuerza y valentía. Y con el tiempo comprendés que necesitás un cuerpo fuerte (entrenamiento de fuerza), una buena alimentación (proteína animal, frutas y miel) y una actitud firme ante la vida, una postura activa y decidida. Podría seguir profundizando, pero creo que esto ya responde de forma más que suficiente.
El ejemplo del abuelo y la penicilina:
Muchas veces se dice que “gracias a los antibóticos” alguien sobrevivió, pero no podemos saber con certeza qué hubiese ocurrido si se hubiese respetado el proceso biológico natural entendiendo que era un proceso de reparación, evitando derrumabarse. No es lo mismo una intervención en alguien sin conocimientos de NMG que en alguien que comprenda, acepte y sepa acompañar su reparación. Además, hoy vivimos en condiciones mucho más favorables (abrigo, higiene, reposo, alimento), que facilitan completar procesos intensos sin recurrir a medicamentos agresivos. La penicilina puede haber sido un recurso de emergencia, pero su uso sistemático y generalizado ha hecho más daño que bien, porque se desconoce el rol biológico de las bacterias y la necesidad de su acción en las fases de reparación. Es cierto que, en algunos casos extremos, donde la fase de reparación (PCL) es tan intensa que la persona no podría soportarla y correría riesgo de morir por fatiga biológica, el uso de antibióticos como la penicilina podría parecer una ayuda para permitirle sobrevivir. Sin embargo, esto plantea un dilema aún mayor: lo único que hará la penicilina en ese contexto es eliminar las bacterias, lo que puede detener la inflamación… pero, ¿a qué costo? ¿Qué tejido quedó sin reparar? ¿Qué consecuencia orgánica se generó al interrumpir ese proceso? Con el tiempo, vemos que el uso reiterado de antibióticos no sólo detiene procesos necesarios, sino que conduce a una pérdida progresiva de vitalidad, de flora bacteriana y de funciones biológicas esenciales. Y así, la persona se vuelve cada vez más dependiente de intervenciones externas, hasta llegar a un punto donde su vida se sostiene artificialmente mediante químicos simpaticotónicos, consumidos sin pausa… hasta el final.
3. “Si fuera por vos, no tomarías nada de nada…”
Efectivamente, quien comprende profundamente la NMG y se ha preparado física, emocional y mentalmente, puede atravesar procesos muy intensos sin necesidad de intervenir farmacológicamente. Esto requiere fortaleza, paz interior, y un entorno que no genere miedo. No todos están listos para eso, y está bien. Pero es posible. Lo que no es válido es negar esta posibilidad solo porque sea desafiante. ¿Ir a la dietética? No se trata de elegir entre farmacología o herboristería, (se nota que siempre buscan afuera la solución y nunca adentro, ni se considera remotamente la posibilidad de que la solución este dentro nuestro, en lo mas profundo). Se trata de comprender los procesos, saber cuándo intervenir y cuándo no, desde un paradigma que pone al ser humano como protagonista de su salud y no como una víctima de los microbios o de la mala suerte. Eventualmente tras muchas recaídas conflictuales y las mermas de los procesos podría llegar a ser necesaria una cirugía como mejora mecánica y no como cura de la enfermedad. Ese beneficio como lo menciona el Dr Hamer y el Dr Robert Guinee, es algo que la naturaleza no tiene a disposición.
4. Algunas reflexiones finales
La NMG no se trata de estar en contra de la medicina clásica, sino de entender que muchas de sus intervenciones son innecesarias, peligrosas o contraproducentes. Especialmente cuando se desconoce el proceso biológico en curso. Como decía el Dr. Hamer, el mayor peligro es el miedo. Ese miedo es el que lleva a usar antibóticos sin comprender que se está interrumpiendo un proceso inteligente. La mejor medicina es la comprensión.
Si querés profundizar, te recomiendo investigar la historia de Pasteur y Bechamp, ya que allí verás cómo la idea de “microbios malos” fue impuesta a partir de un fraude científico. Encontrarás información sobre eso en:
- https://awakingproject.com/conspirado-contra-humanidad-pasteur/
- https://awakingproject.com/informacion-secreta-de-louis-pasteur/
Gracias por tu valentía en plantear estas preguntas. Como siempre, estaré para acompañarte en tu camino de verificación.
Gastón
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