EL CONTAGIO EN DUDA: ¿MITO O REALIDAD?
Preguntas y Respuestas sobre el “Contagio” desde otra mirada biológica❓
Pregunta 1
Si para la Medicina Germánica la teoría del contagio no existe, ¿cómo es que si no tenemos ciertas bacterias, podemos adquirirlas de una persona que sí las tenga❓ ¿Eso no sería contagio❓ Y con los virus no pasaría lo mismo❓
Respuesta:
🔹 Con las bacterias:
El cuerpo humano posee un microbioma propio, pero en ocasiones puede no contar con una cepa específica necesaria para reparar cierto tejido. En ese contexto, el contacto con otra persona puede actuar como una “fuente” de esas bacterias. Esto no se interpreta como contagio patológico, sino como una transferencia funcional y simbiótica. En la naturaleza este intercambio ocurre constantemente: a través del aire, el agua, los alimentos o la convivencia. Un ejemplo cotidiano es cuando un perro lame la cara de su dueño: millones de microorganismos entran en contacto con el cuerpo, y si son necesarios, se integran en un marco de cooperación biológica.
🔹 Con los virus:
Según el Dr. Ryke Geerd Hamer, los “virus” nunca fueron aislados ni demostrados como agentes infecciosos autónomos. Lo que se observa son fragmentos de material genético y proteínas producidas por nuestras propias células. Por eso, lo que la medicina clásica interpreta como “infección viral” corresponde en realidad a una fase de reparación de un órgano controlado por la corteza cerebral.
🔹 La cooperación bacteriana según Hamer:
Hamer sostenía que las bacterias sirven al organismo. Si el cuerpo necesita ayuda para reparar un tejido, puede beneficiarse de bacterias que conviven en la microbiota de otros. Eso no sería contagio como enfermedad, sino cooperación simbiótica. En la vida diaria convivimos con innumerables microorganismos sin enfermarnos, porque no son enemigos, sino aliados en función del programa biológico que estemos transitando.
👉 En resumen: no se trata de un contagio como amenaza externa, sino de un intercambio natural de información y microorganismos en simbiosis. Con las bacterias es evidente y funcional; con los virus, desde esta mirada, no aplica porque no existen como entes vivos transmisibles de persona a persona.
Pregunta 2
Si en un grupo de niños de una comunidad, algunos viajan a otro país y regresan con bacterias de ese terreno desconocido, ¿podría suceder que los demás niños, que no viajaron, desencadenen casi todos al mismo tiempo un programa en el que estén involucradas esas bacterias❓
Respuesta:
Esto podría ocurrir siempre que esos niños se encuentren en normotonía (fuera de un SBS) o en fase activa, y la información proveniente de esas bacterias “extranjeras” les resulte útil o necesaria. En ese caso, dichas bacterias pueden ser recibidas y utilizadas al entrar en la fase PCL (post-conflictolisis), generando una reparación más intensa de lo habitual.
De allí surge una conclusión interesante: nuestro cuerpo no está naturalmente preparado para los viajes rápidos en avión o vehículos modernos, porque no dan tiempo suficiente para que se produzca la adaptación biológica al nuevo entorno. En cambio, desplazarse de manera progresiva (como al caminar) sí permite una homeostasis adecuada. El salto brusco de ambientes puede provocar un desequilibrio que active un SBS (Programa Biológico Especial) con una intensidad peligrosa para la persona.
🌱 Reflexión sobre los entornos adecuados para el ser humano
Estar en un entorno adecuado no significa únicamente compartir espacio con nuestros familiares, amigos o personas cercanas. También implica permanecer junto a nuestros aliados invisibles: las bacterias amigas que forman parte de nuestro equilibrio interno y externo. Cuando un ser humano se encuentra “fuera de lugar”, no solo se distancia de sus vínculos emocionales y culturales, sino también de la microbiota que lo acompaña y con la cual su cuerpo ha desarrollado una relación de cooperación biológica.
Viajar o cambiar bruscamente de ambiente nos expone a personas desconocidas y bacterias desconocidas, generando una exigencia adaptativa que puede ser intensa o incluso peligrosa para el organismo. Por eso, los grupos humanos estables no son un accidente: responden a un sentido biológico profundo, donde todos comparten costumbres, comportamientos y hasta bacterias, lo que asegura una adaptación colectiva y una mayor homeostasis.
Vivir en un sistema parabiológico, desconectado de las Leyes de la Biología, nos hace ignorar el costo biológico de nuestras decisiones. Cada movimiento forzado, cada desarraigo y cada cambio abrupto de entorno demandan un precio en términos de adaptación corporal. Comprender estas leyes es reconocer que nuestro bienestar depende de ritmos naturales, de la simbiosis con nuestro entorno y de la conciencia del lugar al que verdaderamente pertenecemos.
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